("Los niños de las Escuelas Aguirre obsequian a dos guardias de la circulación", Estampa, 1-7-1930)
El Parlamento de Cataluña instó anteayer a la Fiscalía a reabrir el llamado «caso 4-F». Hay que felicitarse por ello. Por el caso en sí, un trágico episodio de corrupción —policial, judicial y política; en definitiva, institucional—, y también por la propia cámara catalana, la cual, por una vez y sin que vaya a servir, me temo, de precedente, aprueba por unanimidad una declaración vinculada a la realidad y no a la ficción. En la madrugada del 4 de febrero de 2006, tras una carga policial realizada en los alrededores de un antiguo teatro «okupado» en el centro de Barcelona donde un millar de personas estaban celebrando una fiesta, un agente de la Guardia Urbana recibió en la cabeza el impacto de una maceta lanzada desde la azotea del edificio. Como consecuencia de ello, el guardia urbano, que iba sin casco, sufrió heridas que le han dejado tetrapléjico. La reacción de los demás agentes consistió en detener a nueve personas, manifiestamente ajenas a los hechos pues se hallaban a pie de calle —y alguna incluso a kilómetros de distancia— y acusarlas de intento de homicidio. Después de sufrir torturas en comisaría —por parte de los municipales y de los Mossos—, de una instrucción irregular y de un juicio sin garantías, esos ciudadanos son condenados a penas de cárcel y uno de ellos, Patricia Heras, se suicida durante un permiso penitenciario. De todo ese proceso da cuenta un documental, «Ciutat morta», estrenado en junio de 2013 y distinguido con numerosos premios y menciones, pero cuya difusión había quedado circunscrita hasta hoy a alguna sala marginal o a Filmin, la plataforma de cine online. Hasta hoy, digo, y debería haber dicho hasta hace una semana, en que Canal 33 lo emitió. Este hecho y la proximidad de las elecciones municipales han obligado al poder político a reaccionar. De lo que se sigue, entre otras muchas cosas, que la Cataluña oficial ha creado un sistema comunicativo en el que sólo existe lo que pasa por la televisión autonómica. Para bien, como en este caso, y para mal, como en la mayoría de los que día a día nos ocupan y nos procesan nacionalmente.

(ABC, 24 de enero de 2015)

El espíritu del 4 de febrero

    24 de enero de 2015