ABC, 25 de enero de 2011.
El nuevo Gobierno Balear ha suprimido la Dirección General de Política Lingüística. La noticia no tiene precedente en la España de las Autonomías —y no digamos ya en las demás—. Ni siquiera en la Comunidad Valenciana se ha dado una situación parecida, puesto que el acceso al poder del Partido Popular en 1995, si bien comportó la eliminación de la dirección general creada por los socialistas, no impidió que gran parte de sus funciones —e incluso la propia denominación— se integraran en una de nuevo cuño consagrada también a otros menesteres. Y, más adelante, en una análoga. Ha tenido que llegar José Ramón Bauzá a la Presidencia del Gobierno Balear para que por primera vez en España la política lingüística haya sido arrancada de cuajo. La razón aducida por el dirigente popular ha sido el ahorro. Una razón de peso: nada más y nada menos que 10 millones de euros, de los que siete corresponden a la propia dirección general y los otros tres al resto de las áreas gubernamentales. Lo cual no significa, claro, que el ejecutivo balear deje de realizar cualquier tipo de política en el campo lingüístico. Piénsese, por ejemplo, en la educación, donde el compromiso del presidente de garantizar la libre elección de lengua va a entrañar sin duda un cambio de modelo y, en definitiva, una nueva política. Pero, aun así, la noticia tiene un calado enorme. En primer lugar, porque si se demuestra que un gobierno puede ahorrarse un desembolso importante sin que pase nada, es que ese gobierno, o los anteriores, han estado tirando el dinero. Luego, porque, con la medida, se elimina un organismo cuya principal función no era otra que la propaganda ideológica y, en definitiva, la coacción. Pero, sobre todo, porque la supresión posee un gran valor simbólico. El nacionalismo se ha jactado siempre de no recular jamás. Gobierne quien gobierne. Ponerle freno y hasta obligarle a retroceder es una de las mejores lecciones que pueden dársele.
ABC, 25 de enero de 2011.
ABC, 25 de enero de 2011.
Sin política lingüística
25 de junio de 2011
Ignoro cómo piensa salir de esta el PSC. O sea, eso que llaman el socialismo catalán y que de socialista tiene ya más bien poco y de catalán, en cambio, lo que le echen. Desde el trompazo de las autonómicas, el partido anda desaparecido, así en las instituciones como en los medios. Por supuesto, los resultados de las municipales no han ayudado en nada. Pero tampoco han empeorado la situación. Al partido, ese segundo trompazo se le suponía, y sólo los más ingenuos abrigaban la esperanza de parar el golpe. Por otra parte, y como se espera de una fuerza política en retirada, sus dirigentes casi no se dejan ver. Ni ver ni oír. Por abstenerse, hasta se abstienen de imitar a sus correligionarios del PSOE poniéndose a tontear con los indignados. Tal vez esperan al próximo congreso del partido —cuya fecha debe fijarse hoy y que en principio está previsto para otoño— para saber si siguen mandando y, en consecuencia, si sigue mereciendo la pena mover la silla en un sentido u otro para no perderla. Porque este va a ser el fondo más o menos explícito del debate congresual. Si más Cataluña o más España. Hace una semana, Francesc de Carreras opinaba que el PSC, si quiere remontar el vuelo, debe optar por el segundo camino, ya que el primero, llevado al extremo en los años de gobiernos tripartitos, se ha revelado no sólo contraproducente, sino incluso suicida. Sin duda. Pero el problema, me temo, es que el partido no va a estar por la labor. Y cuando digo el partido me refiero, claro, al aparato, a esos capitanes de otro tiempo y a sus cachorros, moldeados por igual. Lo cual no significa que vayan a reforzar el sesgo catalanista —con la creación de un grupo propio en el Congreso, por ejemplo—; tan sólo que van a devolver el partido al limbo que ya ocupó cuando el pujolismo. Al fin y al cabo, este es el sitio natural del PSC. El que corresponde —a las pruebas me remito— a quienes jamás han alcanzado el uso de razón.
ABC, 18 de junio de 2011.
ABC, 18 de junio de 2011.
[ Porque hoy es sábado ]
El limbo socialista catalán
18 de junio de 2011
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