Esta viñeta de Xavi Torrent, publicada en El Punt-Avui del pasado sábado, retrata admirablemente lo que es el nacionalismo. Un catalán ya entrado en años, que se vio forzado de joven a estudiar en castellano por cuanto no había entonces otra lengua oficial en Cataluña y en el resto de España, constata apesadumbrado que las cosas siguen igual, que hoy como ayer la escuela catalana debe enseñar en castellano. Semejante razonamiento omite, por supuesto, que en estos momentos, y desde hace por lo menos un par de décadas, todos los escolares catalanes se ven forzados a estudiar en catalán y nada más que en catalán. Es la elipsis del nacionalismo. Para el hombre de la viñeta, como para el humorista del periódico —bastante más joven, por cierto—, el hecho de que en la escuela catalana no se enseñe más que en catalán es algo natural, consustancial al medio, que no obedece a coacción ninguna ni contraviene norma ninguna. No existe en tal circunstancia, a su juicio, nada punible, nada que pueda resultar de una voluntad torticera. Tanto es así que ni siquiera merece la pena aludir a ello.

Y es que el nacionalismo vive instalado en un paraíso artificial donde no penetran, ni penetrarán nunca, la democracia y la razón.

La elipsis del nacionalismo

    5 de febrero de 2014